viernes, 8 de agosto de 2008

¿¿Tendrás Penelópelitis??


Para algunas mujeres existe un solo un tipo de amor: el imposible. Gritan a los cuatro vientos que han encontrado al Príncipe Azul, que en cuanto las conocen las conquistan, al cabo de unos días las llaman poco o nada, o les dejan mensajes en la contestadora cuando ellas piensan que todo terminó, o las citan y luego a 2 horas antes del encuentro les avisan que no pueden ir.
Y es que como a todos los humanos nos gusta la mala vida, nosotras mismas aseguramos que, por el contrario, el hombre amable, siempre puntual, amoroso, detallista y disponible, el que nos conciente cuando nos sentimos mal, el que nos abre la puerta del carro, el que nos hace un té cuando nos duele la panza, se vuelve aburrido y terminamos adoptándolo como madre sustituta. Así que nos vamos con el patán del montón, es ahí donde surgen las dobles de Penélope, estas mujeres eróticamente sólo se enganchan con aquello que no pueden tener, porque adoptan el estigma que afirma que vale más lo que nos cuesta conseguir. Entonces aquel que las deja pegadas al teléfono -que no suena durante semanas- les hace subir la tensión, la fantasía, la ilusión que mueve toda su vida y emociones. En resumen, el tipo (idiota) que da el amor a cuentagotas se convierte en el más deseado, amado, y adorado del mundo.
Creo que ellas sufren a lo que yo llamaría Penélopelitis, refiriendo al goce secreto que le produjo a esa mujer la permanente e infructuosa espera de su amado –Héroe- Ulises. En la 0disea, Homero nos relata que Ulises parte hacia la guerra de Troya, dejando en Ítaca a su joven esposa Penélope y a su hijo Telémaco. Antes de salir, en su saludo de despedida le dice: “cuando veas que mi hijo ya tiene barba, cásate con quien quieras y abandona tu casa”.
El tiempo pasa; el texto narra por un lado que el hogar de Penélope se ve asediado por 108 pretendientes, que ella ni quiere ver, y por otro lado que Ulises inicia una travesía en la que se enfrentará con muchos peligros – Y se acostará con algunas hechiceras- (el cíclope Polifemo, Circe, las sirenas, las vacas de Helios, la ninfa Calipso, etc.), revelándose la dimensión del placer de este hombre dentro de esa realidad. Porque si tardó tanto tiempo en volver es porque NO estar con Penélope es lo que anhelaba más profundamente.
Y ella, Penélope, perdida en el anhelo de ver al amor que idealizó, va tejiendo una sabana que le sirve de máscara, ya que como cuenta la historia esta mártir por el día la teje, sí, teje ilusiones, fortaleza, esperanza; y por la noche la desteje para que al día siguiente tenga hilo y seguir prendida de algo que no existe, a su “esperanza”; el fuego de su vida es el amor que siempre se queda encarnado en el hombre idealizado que está por venir, pero no llega, y en los otros hombres que rechaza. La mayoría de las mujeres caemos en esté cuadro, aunque últimamente al ver a mí alrededor comprendo que existen unas muy enfermas, que no sólo convierten esto en su enfermedad sino enferman a todo su entorno por la mala elección de una pareja, como si el que las tratarán como un trapeador les diera los ánimos para luchar por el patán a conseguir, lo peor es que ese individuo al que nosotros le damos vida y poder, va creciendo con sus desplantes, en lugar de amáranos un poquito y a la primera patanería saliéramos corriendo a buscar otro individuo más, (quiero creer que aun existen hombres buenos)

No entendemos que el dar lo que no tenemos a alguien que no vendrá es solo una perdida de tiempo y oportunidades – trato de pensar que es el ansia de amar lo que tenemos por el miedo que lo que vemos ahora, mañana no se encuentre ahí-, es el camino permanente de muchas de nosotras que no podemos comprender que la pasión puede existir en lo cotidiano, en el amor que se cumple, se consume y florece.
Pensemos en esto, esta enfermedad es curable, valoremos lo que somos como seres humanos, algún día creceremos –mentalmente hablando- y empezaremos a buscar una pareja en serio, para encontrar el complemento posible que nos permita formar una vida estable, la media naranja. Y ese caminar por la vida trae el deseo de ser encontrada también por el otro. Para tejer juntos la sabana que cubrirá la armonía de la vida en pareja.

1 comentario:

ChinoX dijo...

Excelente post, tienes toda la razón al afirmar que al ser humano le encanta lo dificil, lo imposible, aquello que no puede alcanzar o que si lo hace será efímeramente... Espero sigas publicando, saludos desde Ciudad de Guatemala un Beatlefanático se despide. Bendiciones!